Ver tu cara iluminada, radiante de amor y de alegría, ver tus manos cálidas y firmes proteger la fragil existencia del hijo que recibes,  me hace pensar en la ausencia que nosotors  tuvimos, esa que estuvo conmigo cuando en el hospital no hubo nadie mas que yo para darle la bienvenida a mi tesoro, pienso en esa primeras noches en que el miedo y la alegría se combinaban con mi cuerpo adolorido mientras la soledad nos cantaba una canción de cuna a ambos.

Y hoy que te miro besar a ese bebé que llegó a complementar tu vida, no puedo mas que llorar mientras veo a mi hijo dormir en su cuna, ajeno a la indiferencia plena y absoluta de quien le dio la vida. Y pienso en los abrazos que no le diste y pienso en los besos amorosos de su padre que no tendrá y me siento tan sola como culpable por no ofrecerle esa magia que puedo ver reflejada en tus ojos cuando miras a tu hijo.

Sin embargo, desde mi dolor y mi soledad me alegro de que hayas encontrado tanta luz en tu camino, de que hoy tengas a alguien por ser quien ser una mejor persona y por quien ser un buen padre, y le pido a Dios que me de la fortaleza, la serenidad y la diginidad suficiente para seguir mi camino con una sonrisa en los labios, para que mi niño  no se de cuenta el inmenso dolor que a veces se clava en mi pecho cuando pienso que en nuestra casa no hay un papá que nos cuide y nos proteja.